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Elsa RBrondo
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viernes, 7 de septiembre de 2007

De repeticiones, pérdidas y cómo la vida lamentable de la viudas en la India me hizo recordar


Hay una razón por la cual se presentan constantemente ciertos motivos. Al principio tenues se vuelven repeticiones cada vez más nítidas. Vi Water (2005) de la directora india Deepa Metha hace unos meses. Situada en los años 30, cuenta dos historias de una mujer y una niña viudas que se entrelazan con la vida de otras viudas en la ciudad de Varanasi, al norte de la India. Me pregunté, entonces, si las condiciones en la India habrían cambiado. El motivo volvió a presentarse de improviso: hace unos días pude ver el excelente trabajo del fotógrafo Fazal Sheik. Buscaba unas imágenes sobre la muerte en Afganistán y me topé con un libro de triste belleza llamado Moksha en donde viudas de Vindravan relatan sus historias. Esta ciudad es el santuario de Krishna, con más de 4,000 templos dedicados a su veneración. Lugar, también, en donde viven actualmente más de 10,000 viudas, exiliadas de todo lugar social. Varanasi, Vindravan y Puri son ciudades en las que se refugian miles de mujeres que han perdido su lugar en la historia. Pienso ahora en mi madre, viuda a los cuarenta, y en la triste fortuna que le habría esperado en Vindravan. Ella tuvo otra vida, seguro más luminosa, pero difícil como la de cualquier otra mujer en el mundo.

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